Personalidad del personaje: eliges con quién practicas

En las prácticas de coaching, Lu te pregunta cómo es la persona con la que vas a hablar y te propone tres maneras de ser sacadas de tu escena. Cambia cómo habla y cómo reacciona; lo difícil que es convencerla lo sigue decidiendo la técnica.

Nadie se resiste igual. Una compañera de piso que no quiere limpiar la cocina puede escudarse en el cansancio, contestar con una broma o inventarse una llamada urgente, y cada una pide que la escuches de una manera distinta. Ahora, al preparar la escena, eliges cuál de ellas tienes delante: Lu te propone tres maneras de ser pensadas para tu situación, o la describes tú.

Lu pregunta cómo es la compañera de piso y propone tres maneras de ser, cada una con lo que hace y cuándo lo hace Después de contar la situación, Lu pregunta cómo es la otra persona. Cada opción dice qué hace y en qué momento.

De dónde sale

La idea vino de un coach de PNL que forma a sus alumnos en la respuesta polar. Probó la técnica en una escena suya: él era profesor, y la persona con la que hablaba, un alumno que se negaba a colaborar con un compañero. Lu interpretó a ese alumno con sarcasmo, sin que nadie se lo pidiera.

«Que tuviera sarcasmo me encantaba. Tiene ese punto que puede tener un adolescente […]. Le da una sensación de más realismo. Es decir, me lleva la contraria y me vacila.»

— Germán Bertolotto, formador de PNL

Pero la ironía no suena igual para todo el mundo: lo que a uno le parece un juego, a otro le puede parecer un desaire, y no es lo mismo practicar contra un sarcasmo que contra una negativa tranquila. Por eso no bastaba con que Lu acertara a veces. Tenía que poder elegirlo quien practica.

«La personalidad es clave, y la persona puede definir los rasgos de la personalidad.»

— Germán Bertolotto

Qué cambia

Practicas con la persona que de verdad te vas a encontrar

Si en tu vida real la otra persona se defiende con ironía, puedes practicar contra la ironía. La escena deja de ser «alguien difícil» y pasa a ser alguien concreto.

Cada opción sale de tu escena

Las tres propuestas no vienen de una lista fija: Lu las escribe a partir de lo que has contado. Con otra situación, o incluso con la misma otra vez, las opciones cambian.

Dices qué hace, no solo cómo es

Cada opción describe una conducta y su detonante: «cuando le propones un turno de limpieza, te responde que está agotada». Así sabes a qué te enfrentas, y el personaje sabe exactamente qué hacer.

Si ya lo has contado, no te lo vuelve a preguntar

Si al describir la situación ya dijiste cómo es esa persona («es bastante borde y un poco sarcástica»), Lu usa tus palabras y pasa directamente a enseñarte la escena.

Cómo se ve

La personalidad cambia cómo habla y cómo reacciona la otra persona. No cambia lo fácil que es convencerla: eso lo decide la técnica que estás practicando. Si le pides a Lu que te lo ponga más fácil, te lo dice y te devuelve a las opciones.

Lu explica que lo fácil que sea convencerla lo decide el coach, y vuelve a ofrecer las tres opciones «Cuán fácil es que ella acepte depende de la decisión de tu coach, no de mí.» La resistencia se queda; lo que eliges es su forma.

Cuando eliges, la personalidad queda escrita en la escena, junto al papel de cada uno. La forma de resistirse de la técnica sigue ahí, en su propia línea.

Borrador de la escena: el papel de Lu lleva la personalidad elegida y, aparte, la línea de cómo reacciona según la técnica En el borrador, la personalidad va en el papel de Lu («se escuda en el cansancio») y la reacción de la técnica va aparte («cuanto más se la empuja, más se cierra»).

Una misma conversación, tres personas distintas

Para comprobarlo, pusimos a un estudiante simulado a decir exactamente lo mismo a tres versiones de la misma alumna, una que prefiere trabajar sola. Primero una propuesta directa, «Deberías unirte al grupo de Juan, os vendría bien a todos», y después una formulación inversa, «Bueno, tampoco hace falta que te unas hoy. Seguramente trabajes mejor sola».

La alumna…Ante la propuesta directaAnte la formulación inversa
se aísla con su cuaderno«Uf, ya lo probé la vez pasada y me sentí totalmente desorientada. Prefiero seguir aquí con mi cuaderno.»«Mmm, sí, es verdad que a veces pienso mejor sola. Aunque… me pica un poco saber qué están haciendo ellos ahora mismo.»
es insegura«Uf, no sé… me da un poco de miedo no poder seguir el ritmo de Juan y los demás.»«Ya… aunque ahora me pica un poco saber cómo se reparten las tareas.»
es pasota (descrita por el estudiante)«No, no. La última vez que me metí en un grupo, la nota salió a medias. Yo sola saco mucho mejor.»«Ya… aunque ahora me pica saber qué están haciendo ellos. En fin, da igual, sigo aquí.»

Tres maneras de decir que no, y las tres se abren en el mismo momento: cuando el estudiante deja de empujar.

Por qué importa

Una técnica se aprende de verdad cuando funciona con personas distintas. Practicar siempre contra el mismo personaje genérico enseña a convencer a ese personaje; practicar contra la persona que se escuda en el cansancio o contra la que lo convierte todo en broma se parece mucho más a lo que pasa fuera.

Por eso cada opción describe una conducta y no un adjetivo. «Irónica» deja casi todo por decidir; «cuando le sugieres un turno, suelta una broma y cambia de tema» le dice al personaje qué hacer y en qué momento, y te dice a ti qué vas a tener que escuchar. En nuestras pruebas, las opciones descritas con adjetivos se repetían de una escena a otra (práctica, sensible, irónica). Descritas como conducta, cada escena tiene las suyas.

Y por eso la personalidad nunca toca la resistencia. En una práctica de respuesta polar, la otra persona contradice lo que le propones, y lo que se entrena es precisamente cómo llevarla a aceptar sin empujar. Si una personalidad pudiera hacerla ceder antes, la práctica dejaría de medir la técnica. Tu coach decide cuánto cuesta convencerla; tú decides cómo es.

Lo más difícil de construir fue justo eso: que la otra persona se comporte según la técnica. Sin ese trabajo, la práctica sería aleatoria, y tan frustrante que daría ganas de no volver a practicar.

«Ahora la respuesta polar nunca te la regala, pero tampoco te la traba.»

— Ernesto Butto, fundador de Skill Chamber

Lo que se gana es practicar el conflicto que de verdad tienes. Un mando intermedio ascendido por lo bien que hace su trabajo, y no por cómo lleva a su equipo, no necesita convencer a «alguien difícil»: necesita convencer al compañero que le responde con ironía, o a la suegra que todo lo que dices lo desmonta.

«Si tú describes el perfil de la IA que representa a la suegra […], es maravilloso.»

— Germán Bertolotto

Antes

  • Lu decidía sola cómo era la otra persona, a partir del papel.
  • Todos practicaban contra el mismo tipo de personaje.

Ahora

  • Lu te pregunta cómo es, con tres opciones sacadas de tu escena.
  • Puedes describirla tú, o haberlo contado ya al explicar la situación.
  • La resistencia de la técnica se queda igual, elijas lo que elijas.

Pruébalo

Abre una plantilla de respuesta polar y pulsa Personalizar este desafío (o Crear otro escenario con esta plantilla si ya tienes una escena). Cuenta la situación y Lu te preguntará cómo es la persona con la que vas a hablar. Responde con un número o con tus palabras.

Por ahora la pregunta aparece en las plantillas de respuesta polar. En las demás técnicas, Lu sigue deduciendo la personalidad a partir del papel, como hasta ahora.